Un momento sumamente importante en la historia de la ropa interior está ligado al famoso corsé, ya que este no sólo era una prenda íntima para mantener la higiene, sino también para estilizar y seducir.
En 1852 la reina Isabel II salió ilesa de una puñalada gracias a su corsé. Tras la Revolución Francesa, según explicó en 1949 la filósofa Simone de Beauvoir en El segundo sexo: “Se creó una situación paradójica, ya que se rendía culto al cuerpo femenino pero a la vez se manifestaba una contradictoria sensación de pudor ante el mismo. Esa paradoja se tradujo en que las autoridades prohibieron el uso del corsé, pero las mujeres optaron libremente por ponérselo porque se sentían más bellas”.



















